lunes, 22 de junio de 2015

NO HAY PARAÍSO SIN CARTAGENA

NO HAY PARAÍSO SIN CARTAGENA

     Era el año 2007, un grupo de amigos muy homogéneos, la mayoría, empleados de la Cooperativa Aelucoop (Edu Azama, Julio Matzuda, Gusi Oshiro, Rubèn Elìas, Gonzalo De La Puente, Mori Nakaya, Taka Kohatsu), excepto Koki Nakamurakare y Jorge Maehira (su servidor).
     Quisimos dar el gran “paseo de solteros” soñado, el grupo de la cooperativa, ya lo había planeado, con mucho tiempo de anticipación viajar, el “dilema” era: ¿dónde? Habían muchas alternativas Cancún, Varadero, Aruba, y varias playas más del caribe.   
     And The Winner is!, es decir, la ganadora fue: Cartagena de Indias – Colombia, yeyeye, a empacar se ha dicho.
     Era el mes de Octubre del 2007, ocho viajeros con toda las ilusiones del mundo, a darse la gran vida en Colombia. Llegando al hotel de Bogotá, el reloj marcaba las 12 del mediodía, algo me llamó muchísimo la atención, el salón de billar, estaba abarrotado de clientes y la gente tomando cerveza como loco, me dije, ¿qué pasó acá?, al parecer son más bravos que en el Perú, tomando en cuenta, que estábamos en pleno centro de Bogotá y la hora, nada recomendable.
     Lo primero que se me vino a la mente, fue este es nuestro punto de partida, nos espera una noche inolvidable. Ni bien acomodamos nuestros equipajes, tomar un refrescante duchazo y una pequeña siesta, por el agotador viaje, estábamos listos. 
     Fuí uno de los primeros en bajar, con la curiosidad de ver, si continuaba abarrotada el salón de billar, pero, grande fue mi sorpresa, ¡no había nadie!, ¿qué pasó?, Pasó la batida o habían mandado la “moto”, no sé, mi extrañeza fue extrema.  Me voy aproximando al billar y desde lejos diviso un letrerito que decía: “Ley seca, día: viernes, sábado, domingo y lunes”, Quéééé……
     Se realizaba esa semana las elecciones municipales en toda Colombia, ¿qué lecheros? me dije, irónicamente, en qué fecha vinimos, creo que nuestro itinerario turístico, lo hizo, alguna señora o novia de alguno de nosotros, y se debe estar matando de risa, bueno, no quedaba otra, a mal tiempo buena cara.
     La noche bogotana la pasamos, como si estuviéramos chupando en la casa de algún amigo, el problema no era tomar, porque se podía consumir en el hotel, el grave problema, es que todos los locales nocturnos que vendían licor, cerrado hasta el lunes, que nos quedó, chupar en uno de los cuartos y formar una pirámide de latas de cerveza (¿qué pavasos no?), y es más nos tomamos fotos, como si nos hubieras divertido como nunca, no importa,  nuestra moral no estaba vencida.
     Llegó el día siguiente, temprano al aeropuerto con destino a Cartagena de Indias, mientras esperábamos pacientemente, en la sala de espera, de pronto salieron unas “diosas”, vestidas todas igual, vestido marrón claro escotado, tacos 15, maquillaje a más no poder, todas altas (de 1.78 cm para arriba), flacas y por supuesto con traseros y delanteras perfectas, eran 25….¡ qué locura!, me caso con cualquiera, me dije, comenzó a cambiar la suerte.  Dios, no podía castigarnos tanto.
     Llegó el llamado, para abordar el avión, y ¿qué creen….. sííí qué creen? , viajábamos en el mismo avión rumbo a Cartagena, ni el mejor vendedor de ticket de avión, nos hubiera podido dar semejante asiento VIP, la mayoría estaba a centímetros de las misses, se sentía hasta su fragancia, es más hasta ahora lo recuerdo, jaja.
     Empezó el avión a despegar, y después de unos 10 minutos, que el avión ya estaba en su etapa de relajación, se da la sorpresa, el capitán da la bienvenida y a su vez anuncia: “Prepárense a presenciar el clásico paseo de misses”, si, eran todas las candidatas a Miss Colombia 2007, que estaban al costadito de nosotros.  Todas las chicas, empezaron a desfilar con un garbo y  coquetería, que hasta tenemos fotos, me incluyo, con la boca abierta, esa foto, describe mucho más que mil palabras.
     No recuerdo nunca en mi vida, que un viaje que dura aproximadamente 60 minutos, me hayan parecido 15 minutos, llegamos a Cartagena en un abrir y cerrar de ojos, o mejor dicho en un abrir y cerrar de boca, jaja. Tan distraído estábamos, que no recuerdo nada del aeropuerto de Cartagena, si vuelvo a ir alguna vez, me sentiré un verdadero “primerizo”.
     Llegamos al hotel de Cartagena, en el día la diversión era total, playa, paseos turísticos, caminatas por los shopping, todo muy bien.  El problema era nuevamente, cuando el “gringo” se escondía, que quedaba por hacer, jugar fulbito de mano, ping pong, taco y la piscina. Una noche puede ser, pero 3 noches, no seas malo, hasta nos cansamos de jugar ping pong, sólo quedaba tomar y tomar, tomar y tomar.
     El hotel donde nos hospedábamos, era bueno, todo estaba pagado, comida, trago y diversión, en el salón de arriba, es decir, en el último piso, estaban todos los juegos de salón y la piscina.
    Además contaban con un grupo de anfitriones, que se encargarían de hacer más grata nuestra estadía en el hotel. Y bueno, ante las pocas alternativas de diversión, teníamos que estar por lo general en la piscina, y ante nuestra sorpresa, empezó las clases de baile, un ritmo muy sabroso y contagiante, llamado “Champeta”, empezó a sonar muy fuerte.  Una de las anfitrionas, una morena de 1.70, unas curvas bien puestas, empezó a invitar a los visitantes, a tomar unas clases de baile.
     La morena pasó por el lado que estábamos nosotros, y nadie le dió bola, para bailar al frente ni loco dijeron la mayoría.  Y recuerdo clarito lo que dijo, como si fuera hoy: “esto no se le hace a una gûera”, para mí fueron palabras, que calaron en el fondo de mi ser.  Y de la nada dije: “yo voy”, menos mal, que también se animó a ir  Taka y Mori.
     La música comenzó a sonar, y éramos los tres ponjitas y 10 bailarines del ballet colombiano que se encontraban también con nosotros, al, principio los pasos eran sencillos, y estábamos pasando “piola”, pero luego de unos cuantos minutos, los pasos dieron un giro de 180 grados, teníamos que mover hombros, cintura, caderas y “oshiri” (trasero), no seas malo, ya me encontraba en “off-side” hace rato, pero mi orgullo, no me dejó ir. No sé cómo veo atrás, y mis “compinches” ya habían desaparecido, me encontraba sólo rodeado del ballet colombiano.
     Sin darme cuenta, Yo era el centro de atención de todas las miradas, y encima me hicieron un círculo, todos los bailarines, que por lo general eran gays, y que por cierto, hasta bailaban mucho mejor que los profesores.
     Al terminar la faena, me dije, uff, menos mal que esto queda entre nosotros, ¡mentira!, mi amigo Koki, se había encargado de filmar paso a paso todas las incidencias de aquella “faena”, sus palabras fueron: “ Cholo, si yo no lo hubiera visto no lo creo, pero con esto, ya fuiste”, jajaja.
     Así terminó, una de las travesías más singulares y divertidas que tuvimos, en la época, cuando casi la mayoría de nosotros, salvo, Julio y Koki,  no teníamos hijos.

PACHOCHA..
    



2 comentarios: